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Mar de Frades se viste de guarda
Mar de Frades
Mar de Frades

Mar de Frades se viste de guarda

La bodega gallega, situada frente a la Ría de Arousa, apuesta por el extraordinario potencial de envejecimiento de la uva Albariño, reina blanca de las Rías Baixas. En su vino Finca Valiñas 2016, con notas muy salinas y minerales, revela todo su poder de seducción.

La historia de Mar de Frades, que empezó a escribirse en 1987, es paralela a la de la D.O. Rías Baixas, creada justo un año después. Tal vez por esa intensa convergencia de

caminos, cuando uno escucha el nombre de la bodega gallega se imagina inmediatamente envuelto en las brumas de aquel bello paraje, respirando la humedad salina de la Ría de Arousa y rodeado de un verde rabioso. Es el hogar espiritual de la uva Albariño, y allí donde comenzó su leyenda se elaboran algunos de los vinos blancos más sugerentes de España. Esta región en continua evolución se ha ido adaptando a los gustos de los con- sumidores: los blancos envejecidos en barrica cedieron el pro- tagonismo a elaboraciones más refrescantes, y hoy nos seducen con un potencial de guarda extraordinario. Como explican desde Mar de Frades, «la acidez y niveles de pH de la uva Alba- riño se asemejan pasmosamente a los de la variedad Riesling, mientras que otros paralelismos suben a la superficie a medida que los vinos envejecen, con distinguibles notas de petróleo y almendras que se revelan con el paso de los años».

La morada de la Albariño

Los viñedos de ese atlántico Mar de Frailes –el nombre de la bodega se inspira en un mágico rincón frente a la Ría de Arousa, en la desembocadura del río Umia, donde los antiguos peregrinos tomaban tierra para proseguir su camino hacia Santiago de Com- postela– se hallan plantados en cotas bajas (raramente por encima de los 300 metros), en la ladera de un monte, en pleno corazón del Valle del Salnés. A los pies del viñedo Finca Valiñas, el más espe- cial de todos, se encuentra la bodega, y su esbelta figura emerge en medio del espectacular paraje, esculpida por el clima gallego. La Ría de Arousa atempera con su brisa los inviernos, que son suaves y se caracterizan por lluvias procedentes del Atlántico que suelen perdurar, «para pesar de muchos», hasta la primavera y el verano.

Cuentan que la variedad Albariño, que se cultiva en Rías Baixas desde hace más de mil años, encaja como un guante en este clima, «dado que su piel gruesa le proporciona protección contra la putrefacción y el libre drenaje, al tiempo que los suelos de arena y granito garantizan que las viñas no sufrirán de saturación».

Su vino más elegante y expresivo, Finca Valiñas de Mar de Frades, es un «ejemplo arquetípico» de un Albariño hecho para envejecer, y la producción de 2016 acaba de salir a la luz tras cua- tro años de maduración –sin roble– en bodega: «Es un vino que nació en un viñedo plantado en 1975 en una ladera del Valle del Salnés, con afloramientos de granito que refuerzan la acidez in- herente de las uvas y que, combinada con la altitud del viñedo, conforma un sólido pilar necesario para la longevidad», destacan.

 

El envejecer del Atlántico

Tras la fermentación, Finca Valiñas de Mar de Frades re- posa sobre sus lías durante el primer año, el segundo y el ter- cero combina el bastoneo (agitación de lías) con más tiempo de reposo, y el cuarto y último envejece en botella. Para Pau- la Fandiño, enóloga de Mar de Frades, Finca Valiñas tiene un potencial de envejecimiento de al menos diez años: «Cuando abrimos las viejas añadas de nuestros albariños, descubrimos notas de salinidad, mineralidad y ioduro que nos recuerdan las conserverías, mejillones y encurtidos gallegos».

Fandiño cree que preservar esta esencia regional, ligada profudamente a los aromas y sabores del territorio, es la cla- ve para el progreso y el éxito futuro de Rías Baixas, así como seguir prácticas para materializar el magnífico potencial de envejecimiento del Albariño: «Nuestro terruño, clima y tradi- ciones viticultoras son fundamentales a la hora de diferenciar y definir el carácter de nuestro Albariño», sentencia.

Y remarca esa apuesta por vestir de guarda a la seducto- ra: «Tenemos que envejecer los vinos en diferentes materiales, incluyendo el granito, la arcilla y el hor- migón, además del acero inoxidable. Debemos tratar las lías cuidadosamente, usando el bastoneo, o bien dejar que los vinos reposen sobre sus propias lías finas durante meses o incluso años, antes de su envejecimiento final en tanque o botella. Al hacerlo, producimos vinos singulares y longevos que transmi- ten la esencia del Albariño y de Galicia, y que permanecerán en la memoria de los amantes del vino».